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CORRUPNAVIRUS

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Estefanía Ciendúa Rivera

No es necesario tan solo elogiar la sutileza y el sentido jocoso de la palabra en sí, Corrupnavirus es en su sentido más simple, la forma de unir tal vez dos decadentes pandemias que, sin temor a equivocaciones, pueden ser directamente proporcionales en estos tiempos de crisis de la humanidad.

Anteponiendo a convertir el COVID-19 en un cliché del que se hablará por años, es en pocas palabras el enfrentamiento de la humanidad ante una crisis sin precedentes del mundo moderno y que no solo demanda eficiencia y eficacia de los gobiernos, organizaciones, industrias, pequeñas empresas, sino de cada individuo raso que por el simple hecho de respirar, le compete de lleno la viralización ahora si literal de una enfermedad que también saca lo peor de cada quien, y sí, aunque suene fuerte, la corrupción y el Coronavirus están y van de la mano, tan solo se alimentan entre sí.

Los gobiernos en su afán de subsanar la demanda sanitaria que dejo al desnudo las deficiencias del sistema de salud y que no solo manchó al tercer mundo, también dejan al desnudo las oportunidades latentes y las vías despejadas para cometer actos de corrupción que agreden de manera directa las intenciones y claras necesidades de combatir, ya no en campos de guerra sino en pasillos de hospitales, una pandemia que nació a finales del 2019 y que permite y hablo en presente, que la pandemia más milenaria de todos los tiempos, la corrupción, clara candidata y muy conocida en países como el nuestro, favorita a llevarse el claro título de vencedora.

Para nadie es un secreto que durante épocas y a nivel mundial, el terreno de la salud ha sido de los más fértiles para que la corrupción no solo crezca, sino que de frutos, según la ONU , casi el 25% de los dineros destinados para adquisición de medicamentos y equipos médicos se ha diluido en los bolsillos de la corrupción, en Europa, uno de los continentes más afectados hasta ahora por la pandemia, en tiempos normales se haya enfrentado a que casi un 28% de los delitos de corrupción hayan afectado el sector de la salud y nuevamente en su mayoría mediante su hobbie favorito: la adquisición de medicamentos y equipos médicos.

Estamos enfrentándonos a niveles de exposición al riesgo de fraude más latentes y de fácil acceso a los que muchos pudiéramos habernos enfrentado, porque la necesidad de respuesta prematura y presión en los procesos de adquisición que en tiempos de no crisis ya se veían faltos de controles, hacen que las consecuencias de las coyunturas que de esta época se desprenden, materialicen detrimentos a patrimonios que también son nuestros, ya no es un secreto cuantas investigaciones se han adelantado tanto por la Procuraduría y hasta la Fiscalía en más de 10 departamentos, donde los sobrecostos y las irregularidades en la contratación no han escaseado. Es preciso evaluar milimétricamente a quienes, divorciados de la ética y la moral pretendan acaparar las ganancias intrínsecas y no tan legales que el oportunismo pandémico les permita.

No solo el sistema de salud, Gobernaciones y Departamentos se ven afectados, la economía holística del país hace que las organizaciones, industrias y tal vez usted quien es un microempresario que se está preguntando cuantas más formas podrán afectar su negocio, ya están siendo sumamente afectados, y sin rayar en el pesimismo, se le informa que no es inmune a que la corrupción también toque sus puertas o sin saberlo, también tome el café de media mañana con usted. Es pertinente y necesario evaluar la gestión de riesgos con la que su empresa cuenta, la respuesta a tiempos de crisis, la efectividad y eficacia de sus controles y, para eventos ya materializados, la identificación de brechas y debilidades que permitieron afectar su patrimonio, el establecimiento de planes de salvamento y la mitigación de las consecuencias